La apuesta por la bioeconomía genera expectativas en el país, pero persisten dudas sobre la distribución real de las ganancias para las comunidades productoras.
La incorporación de la bioeconomía en las agendas globales genera debates sobre su aplicación real en el territorio nacional. Organismos internacionales señalan que este modelo permite diversificar los ingresos del área rural mediante el aprovechamiento de recursos biológicos renovables para convertirlos en energía, alimentos o fertilizantes.
El caso boliviano y la Amazonía
El país ya contempla esta visión dentro de su Estrategia Amazonía, enfocándose en iniciativas relacionadas con la castaña, el asaí, la conservación y las finanzas sostenibles. Sin embargo, la comunicadora y ganadera Lavive Yáñez Simon advierte sobre la necesidad de examinar minuciosamente las condiciones de ejecución para evitar repetir esquemas del pasado.
El peligro principal radica en que los territorios nacionales provean la materia prima mientras corporaciones extranjeras acaparen la industrialización y los mayores márgenes de ganancia. Asimismo, existe el temor de que las normativas de sostenibilidad terminen por limitar el trabajo de los productores locales y pongan en riesgo la seguridad alimentaria.
Impacto práctico para productores
- Necesidad de inversiones transparentes y transferencia de tecnología.
- Demanda de infraestructura adecuada y seguridad jurídica en el norte amazónico y Beni.
- Exigencia de empleos dignos y mejores ingresos para los habitantes locales.
La normativa nacional, a través de los artículos 390 y 391 de la Constitución Política del Estado, estipula que el progreso amazónico debe elevar los ingresos de sus pobladores y resguardar el medio ambiente. Por lo tanto, el éxito de estos proyectos dependerá de que «la mayor riqueza debe reflejarse en el bienestar de la población», según remarcó Yáñez.
Con información de Publiagro.
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