Tesistas universitarios analizan las ventajas agronómicas del cártamo frente a la escasez hídrica y su viabilidad como cultivo oleaginoso.
Frente a los desafíos climáticos actuales, la investigación agrícola en el país busca alternativas para diversificar la producción en zonas con restricciones de agua. En este escenario, el cártamo se posiciona como una opción viable para complementar o reemplazar al girasol debido a su alta tolerancia a la sequía.
Investigación y rendimiento en campo
Estudios impulsados por tesistas del Instituto de Investigación Agrícola Vallecito, dependiente de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM), analizan el comportamiento agronómico de esta especie oleaginosa. Los ensayos buscan determinar su rendimiento y manejo para evaluar su impacto económico en la producción nacional.
Las estimaciones preliminares indican que el cultivo puede alcanzar una producción de entre 2,8 y tres toneladas por hectárea en condiciones favorables. Por su parte, las pruebas prácticas de densidad realizadas por los investigadores registraron 2,3 toneladas de semilla por hectárea utilizando 20 kilogramos de semilla bajo un esquema de 200.000 plantas.
Menor consumo de agua y beneficios al suelo
El principal atractivo de esta planta radica en su eficiencia hídrica. Mientras el girasol demanda entre 500 y 650 milímetros de agua, el requerimiento teórico del cártamo se sitúa entre 300 y 400 milímetros. Incluso, los investigadores comprobaron su gran resistencia en pruebas de campo: «completó su desarrollo con aproximadamente 60 milímetros de lluvia», indicó el tesista Alef Roda.
Además, cuenta con una raíz pivotante capaz de alcanzar hasta dos metros de profundidad para captar humedad. Esta característica ayuda a disminuir la compactación del terreno y permite su integración en esquemas de rotación de cultivos para optimizar las condiciones físicas de la tierra.
Usos y desafíos fitosanitarios
Más allá de la extracción de aceite, el aprovechamiento de este cultivo se extiende a la elaboración de tintes para textiles y a la producción de forraje, abriendo nuevas oportunidades comerciales para los productores locales. No obstante, su desarrollo requiere un cuidadoso control sanitario para evitar mermas en la cosecha.
Entre las principales amenazas figuran la podredumbre gris y la roya del cártamo. Para contrarrestarlas, los expertos recomiendan un diagnóstico oportuno y el uso de productos químicos autorizados, como fungicidas a base de carbendazim y mancozeb, siempre bajo la supervisión de un profesional agrónomo.
Aunque todavía no existen costos de producción locales exactos, referencias de Argentina y Paraguay estiman una inversión inicial de entre Bs 3.500 y Bs 4.000 por hectárea. Las investigaciones en curso continúan generando datos clave para definir su rentabilidad y su futuro en los sistemas agrícolas bolivianos.
Con información de Publiagro y Dajir Tapia, Alef Roda.
Foto de portada: Mohamed Mashkur en Pexels.


