El Centro de Investigación Agrícola Tropical implementa ensayos con siete variedades vegetales para proteger los suelos y potenciar la ganadería.
El Centro de Investigación Agrícola Tropical (CIAT) puso en marcha parcelas demostrativas para evaluar el comportamiento de siete tipos de cultivos de cobertura y rotación. Las pruebas se realizaron en terrenos de estructura arenoso-limosa con el propósito de ofrecer a los productores nuevas herramientas para el manejo eficiente de sus tierras y la alimentación animal.
Alternativas para cada necesidad productiva
El técnico del CIAT, Abner Masibi, explicó que cada vegetal cumple funciones específicas dentro de los sistemas productivos. Afirmó que las opciones se adaptan a los requerimientos particulares de cada predio: «Elk een hett sien egen Gebruuk, en annere Anwendung», indicó sobre la versatilidad de los ensayos.
Entre las opciones analizadas figuran el buchweizen, las augenbohnen o porotos negros, dos especies de crotalaria, el rábano forrajero, la hirse y la hirse forrajera. Estas variedades permiten cumplir distintos roles según lo que busque el agricultor o ganadero.
Protección contra la erosión y aporte orgánico
El buchweizen destaca por su ciclo vegetativo corto y su capacidad para cubrir el suelo de forma rápida, funcionando como un colchón que frena el impacto de las gotas de lluvia. Esto evita el lavado de partículas y retiene la humedad superficial. Al descomponerse, los restos vegetales aportan materia orgánica que estimula la vida biológica y mejora la estructura del terreno. Además, su semilla permite elaborar harina sin gluten, combinando la conservación con el uso comercial.
Por otro lado, las augenbohnen establecen una simbiosis con bacterias para fijar el nitrógeno atmosférico en las raíces. Esto enriquece la disponibilidad de nutrientes para los cultivos posteriores, además de servir como alimento.
Biomasa y nutrición para el ganado
Las dos especies de crotalaria evaluadas se emplean principalmente como abono verde. Al incorporarlas al suelo, facilitan el reciclaje de nutrientes y aumentan la materia orgánica. En tanto, el rábano forrajero desarrolla una raíz pivotante profunda que genera canales biológicos para mejorar el paso del agua y el desarrollo radicular, ofreciendo también un forraje muy apetecido por el ganado.
Finalmente, las gramíneas como la hirse y la hirse forrajera generan grandes volúmenes de biomasa que sirven tanto para la cobertura superficial como para la alimentación animal mediante pastoreo directo o conservación de forraje.
El CIAT busca acercar este conocimiento técnico a los productores para que conozcan las ventajas de integrar estas alternativas en sus sistemas de trabajo y diversifiquen su producción.
Con información de Publiagro.
Foto de portada: Linda Kokina en Pexels.


