Los atletas recurren a recuerdos y pequeños rituales para sostener la concentración en situaciones de máxima presión competitiva.
En el fascinante universo de la psicología deportiva, existe una técnica muy particular conocida como anclajes emocionales. Lejos de tratarse de cábalas o fórmulas mágicas orientadas a mejorar el rendimiento físico, estos elementos funcionan como puentes mentales que conectan al deportista con vivencias significativas de su pasado.
Durante la cita mundialista de 2026, el mediocampista Enzo Fernández dejó en evidencia esta práctica al llevar escrito en su piel un mensaje que lo remontaba a su infancia, buscando preservar la perspectiva de aquel niño que soñaba con vestir la camiseta de su país.
La conexión con la historia personal
Especialistas en la materia explican que estos recursos ayudan a los protagonistas a mantenerse firmes cuando la exigencia y la presión del entorno alcanzan sus niveles más altos. No garantizan la victoria ni reemplazan el entrenamiento, pero ofrecen estabilidad emocional.
- Conectan al atleta con emociones del pasado.
- Ayudan a sostener la calma bajo presión.
- Funcionan como recordatorios de la esencia personal.
De este modo, los protagonistas encuentran en pequeños gestos una herramienta fundamental para gestionar la intensidad de la alta competencia sin perder de vista sus raíces.
Con información de www.clarin.com.
Foto de portada: cottonbro studio en Pexels.


