La cuenca atlántica atraviesa un periodo de inusual calma este año debido a la fuerte influencia del fenómeno El Niño y otros factores atmosféricos.
La actual temporada de huracanes en el Atlántico, que abarca desde junio hasta el 30 de noviembre con su pico en septiembre, está rompiendo esquemas. De acuerdo con los registros, no se vivía un silencio tan prolongado en la zona desde el año 1914, dejando perplejos a los especialistas.
El impacto de El Niño
El principal motor de esta pausa es el fenómeno conocido como El Niño, el cual genera un incremento térmico en el Pacífico ecuatorial y modifica las corrientes atmosféricas globales. Aunque se han presentado algunas tormentas tropicales, ninguna ha alcanzado la fuerza necesaria de vientos de 118 km/h para consolidarse como huracán, ya que este evento climático absorbe gran parte de la dinámica ciclónica.
Vientos y polvo en contra
A pesar de que las aguas atlánticas mantienen temperaturas cálidas ideales para estos fenómenos, existen elementos que bloquean la liberación de esa energía. Samuel Biener, meteorólogo de Meteored citado por EFE, señaló que «ha habido cizalladura vertical del viento de récord» durante este periodo.
A este choque de vientos intensos se suman las constantes corrientes de aire seco y las intrusiones de polvo del Sáhara presentes desde mayo, elementos que impiden que las tormentas se organicen adecuadamente. Sin embargo, los expertos advierten que las condiciones podrían cambiar en octubre y recuerdan la escala Saffir-Simpson, que mide la intensidad de estos eventos hasta llegar al nivel 5, capaz de arrasar con todo a su paso.
Con información de elcomercio.pe.
Foto de portada: Peggy Anke en Pexels.


