El sector agropecuario de la Unión Europea ha reactivado sus protestas ante el avance del acuerdo comercial con el Mercosur. El núcleo del conflicto reside en la denominada competencia asimétrica, donde los productores locales denuncian que la apertura de mercados favorecería el ingreso masivo de productos sudamericanos a precios mucho más bajos que los europeos.
Esta diferencia de costes se debe a que los agricultores de la UE deben cumplir con el Pacto Verde Europeo, una normativa que impone estándares ambientales y sanitarios sumamente estrictos. En contraste, perciben que los países del Mercosur cuentan con regulaciones menos exigentes, lo que genera una desventaja estructural difícil de compensar sin medidas de protección adicionales.
Las tensiones se concentran especialmente en producciones sensibles como la carne, el azúcar y el sector lácteo. La preocupación radica en que las cuotas de acceso preferencial previstas en el acuerdo podrían desplomar los precios internos en regiones donde los márgenes de rentabilidad ya están al límite debido al encarecimiento de la energía y los insumos.
Finalmente, la presión política crece en países como Francia e Irlanda, donde los gremios rurales exigen la inclusión de cláusulas espejo. Estas cláusulas obligarían a que cualquier producto importado cumpla exactamente con los mismos requisitos de sostenibilidad y bienestar animal que se exigen a los productores dentro de las fronteras de la Unión Europea.


