La alimentación representa el mayor costo en la producción de aves, por lo que controlar la calidad de los insumos y su procesamiento resulta vital para mejorar el rendimiento económico.
En la actividad avícola, la alimentación concentra aproximadamente el 63% del costo total de producción. Dentro de este rubro, cerca del 70% corresponde a la adquisición de maíz y harina de soya. Debido a este peso financiero, cualquier variación en la calidad de estos insumos afecta directamente el costo final por cada kilogramo de carne o docena de huevos comercializados en el mercado.
Control riguroso de materias primas
El especialista en nutrición Everton Luis Krabber advirtió que la composición del maíz y la soya cambia según la cosecha y el almacenamiento. Por ello, los productores deben revisar niveles de humedad, presencia de hongos y micotoxinas en los granos. Asimismo, en la soya es fundamental medir la proteína real y vigilar los inhibidores de tripsina, compuestos que dificultan la digestión de las aves.
El procesamiento térmico de la soya cumple un papel determinante. Si el calor es insuficiente, los factores antinutricionales persisten; si es excesivo, se destruyen aminoácidos esenciales como la lisina. Por lo tanto, los análisis de laboratorio son indispensables para garantizar un tratamiento correcto antes de elaborar las raciones.
Molienda y pelletizado
El tamaño de las partículas de los ingredientes influye directamente en la digestibilidad y en el funcionamiento del aparato digestivo. Las aves jóvenes necesitan alimentos fáciles de ingerir, mientras que los animales más grandes aprovechan mejor las partículas gruesas que estimulan el desarrollo de la molleja. Además, el proceso de pelletizado mejora la presentación del alimento, siempre y cuando se controle la durabilidad del producto para evitar un exceso de polvo en los comederos.
- Pollos de engorde: Exigen ajustes nutricionales por fases para maximizar el crecimiento y la conversión de carne.
- Gallinas ponedoras: Requieren un balance estricto de calcio, fósforo y energía para asegurar la calidad de la cáscara.
- Matrices reproductoras: Necesitan control corporal para garantizar la fertilidad y la incubabilidad.
Finalmente, factores externos como la temperatura del galpón, la ventilación y el acceso al agua determinan el éxito de cualquier dieta. Al respecto, el experto señaló: «El consumo de agua, la temperatura ambiental, la ventilación y el manejo de los comederos también influyen en los resultados».
Para los productores bolivianos, el indicador clave no debe ser el precio por tonelada de alimento, sino el costo real para obtener una unidad de peso o producción de huevos, integrando una correcta gestión técnica y alimentaria.
Con información de Publiagro y Everton Luis Krabber.
Foto de portada: Wanas Rosa en Pexels.


