La transición hacia especies forrajeras avanzadas y sistemas combinados incrementa la eficiencia productiva y cuida los suelos en el país.
El sector pecuario nacional experimenta una transformación profunda al dejar atrás la dependencia exclusiva de pastos nativos para adoptar variedades forrajeras avanzadas. Este cambio responde a la necesidad de cumplir con estándares más altos de calidad, terneza y ciclos de desarrollo más cortos en los animales.
El paso de los pastizales nativos a las especies africanas
En los inicios de la actividad en Santa Cruz, los campos se sustentaban en grama negra, pajoturuna, yaraguazal, pelillo y arrocillo. Aunque estas opciones cumplían un rol básico, sus aportes nutricionales quedaron rezagados frente a las exigencias comerciales actuales.
Para responder a esta demanda, el país adoptó tecnologías desde Brasil con especies originarias de África. Juan Carlos Gutiérrez, representante de Unión Agronegocios, destacó el impacto inicial de estas variedades al señalar que "la brachiaria decumbens (…) se sembró mucho y los resultados fueron evidentes".
Con posterioridad se sumaron alternativas como la brachiaria brizantha y opciones del género Panicum, específicamente Tanzania y Mombasa. Esto permitió diversificar las pasturas según las exigencias específicas de cada terreno.
Ventajas prácticas para los productores
- Aumento en la disponibilidad de alimento nutritivo.
- Mayor rapidez en la ganancia de peso del ganado.
- Logro de animales más precoces y con mejor terminación genética.
- Optimización del potencial genético mediante una nutrición adecuada.
Integración entre agricultura y ganadería
La aplicación de conocimientos agronómicos actuales, vinculados a la llamada Agronomía 4.0, facilita la combinación de la producción de granos con la ganadería. Mediante esta visión, los establecimientos agrícolas pueden incorporar pasturas para diversificar sus actividades y generar biomasa.
Un caso relevante es la brachiaria ruziziensis. Investigaciones de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) comprobaron que asociar esta planta con maíz, sorgo o girasol ayuda a restaurar la fertilidad del terreno y asegura cobertura vegetal constante para las siguientes campañas.
De esta manera, la planificación adecuada y la elección correcta de las variedades forrajeras permiten a los productores bolivianos potenciar sus recursos, elevar la eficiencia de la carne bovina y conservar la salud de sus tierras.
Con información de Publiagro y Juan Carlos Gutierrez.
Foto de portada: Odeani Baker en Pexels.


