Bagdad asume el control total de su seguridad en medio de desafíos internos y una fuerte influencia regional de Teherán.
La presencia militar de Estados Unidos en territorio iraquí llegó formalmente a su fin. Tras un proceso de repliegue que se aceleró en los últimos años, los últimos uniformados estadounidenses abandonaron el país, cerrando un ciclo que comenzó con la invasión del año 2003 y que dejó un profundo impacto humanitario y político en la región.
Donald Trump celebró públicamente la culminación de estas operaciones castrenses y calificó el hecho como un triunfo estratégico. Desde su plataforma digital, el mandatario estadounidense indicó que la medida representa un logro decisivo frente al grupo extremista Estado Islámico y afirmó que el momento de regresar a casa era el adecuado.
Un legado de profundas transformaciones
El balance histórico de estas dos décadas resulta complejo. Si bien el derrocamiento de Saddam Hussein abrió paso a un escenario político plural, también desató años de violencia sectaria y facilitó la expansión del grupo yihadista que proclamó un califato en el 2014. De acuerdo con datos referidos por especialistas, el conflicto cobró la vida de aproximadamente 200.000 civiles iraquíes y más de 4.500 soldados de Estados Unidos.
Los retos que afronta Bagdad
Con el repliegue extranjero ya concretado, el gobierno del primer ministro Ali al-Zaidi declaró cuatro días de festivos oficiales para conmemorar el paso hacia una mayor soberanía. Sin embargo, el panorama local enfrenta tres pruebas cruciales:
- El control de las armas: Las autoridades deben lograr que las milicias armadas, especialmente aquellas respaldadas por Irán, respondan al mando estatal.
- La amenaza yihadista: Aunque el grupo extremista perdió su control territorial en el 2017, sus remanentes aún conservan células operativas.
- El equilibrio geopolítico: Bagdad necesita mantener relaciones estables con Washington sin descuidar sus vínculos con Teherán.
Expertos en análisis internacional apuntan que, si bien Teherán incrementó su peso político y económico tras la caída del régimen anterior, esto no se traduce necesariamente en una subordinación total del Estado iraquí, cuyo futuro inmediato dependerá de su propia capacidad institucional.
Con información de elcomercio.pe.
Foto de portada: Art Guzman en Pexels.


